Como no podía ser de otra manera, le perdí interés en Ambroise. Mi capricho finalmente me había resultado una gran decepción. Me dejé llevar por los celos y ahora mordía el polvo de la derrota porque jamás pude acaparar a ese hombre, no vencí a todas esas mujeres que pululaban la existencia de Donald y menos logré convertirlo en lo que ansiaba: mi esposo. Él solo era una figura decorativa en mi vida.
Sin embargo, Ambrose se negó a darme el divorcio. -Me gusta la idea de que seas mi mujer-