Donald ya sabía todos mis puntos débiles. Los había descubierto en las anteriores ocasiones que hicimos el amor en forma desenfrenada y ahora, simplemente, atacó con ímpetu esas posiciones mías tan sensibles y eso me avasalló, me dejó inerme, eclipsada y obnubilada ante él, incapaz de hacer algo, sumida en la inconsciencia, extraviada en el limbo.
Cuando Donald avanzó hacia mis entrañas, a lo profundo e ignoto de mis intimidades, hasta las fronteras lejanas de mis vacíos, inicié un inop