Donald Ambroise se fue a la quiebra y tuvo que declararse en bancarrota. La empresa estatal fiscalizadora lo calificó de empresario insolvente y que debía disolver sus negocios, que eran múltiples pero que igualmente estaban en rojo. Mi contadora, Rebeca Gordon me lo contó, cuando llegué temprano a la oficina.
-Las resoluciones están publicadas en sus diarios señora Monroe-, me reveló. Los ejemplares ya estaban encima de mi pupitre junto a mi café y las tostadas que me había acomodado mi s