Donald Ambroise se fue ese lunes por la noche a Perú a bordo de uno de mis aviones. El traspaso de mi empresa a su nombre, incluyó una casa completamente amoblada en la zona más exclusiva de Lima y le di además un carro flamante, aerodinámico de mi más reciente producción de automóviles y carta blanca para mis tiendas de ropa, restaurantes, locales de comida rápida y una suite en la sucursal de mi hotel en lares limeños. Emocionado, Ambroise me pidió poder despedirse de mí en el terminal aéreo