Me hinqué de rodillas delante de Ambroise y tomando su mano, le pedí que se casara conmigo. ¡¡¡Imagínense!!! Se supone que es el hombre quien pide a la mujer casarse, es la tradición que se ha mantenido a través del tiempo, sin embargo yo rompí con toda esa costumbre. Y es que yo estaba nublada por los celos, no razonaba en absoluto y tenía una venda en mis ojos, queriendo acaparar a Ambroise, tan solo para mí.
-Quiero que me hagas tu esposa, Donald-, le dije, entonces, haciendo brillar mi