La luz de la lámpara de noche seguía encendida, proyectando sombras alargadas sobre la opulenta habitación. Aurora se había quedado inmóvil, el shock inicial transformado en una dolorosa y gélida incredulidad. miraba la mancha de labial; veía a Alexander, esperando la explicación que no llegaba lo suficientemente rápido.
—¿Qué es esto, Alexander? —repitió Aurora, su voz grave, desprovista de llanto, pero cargada de una traición hiriente.
Alexander, desesperado al ver la mancha, se quitó la cam