Aurora detuvo su cuerpo en seco. La figura de Victoria bloqueaba su camino, el sol matutino brillando tras la silueta impecable de la exesposa de Alexander. El aire se cargó de pronto, la atmósfera tranquila de la entrada del colegio se sentía ahora como un campo de batalla.
—Hola, Aurora, mi nombre es Victoria, ¿me imagino que te han hablado de mí verdad? —saludó ella ladeando la cabeza, con un tono burlón.
Aurora sintió un escalofrío, pero su rostro no se inmutó. La rabia de la noche anteri