Alexander se levantó muy temprano. Le había prometido a Max llevarlo a montar, y los compromisos con su hijo eran sagrados para él. Yo también me desperté a esa hora, con la intención de encargarme personalmente de todo lo necesario para el día de campo.
Me puse un camisón ligero y salí de la habitación con cuidado. Era tan temprano que el silencio dominaba la casa; los empleados aún no se habían levantado. Caminé hacia la cocina con la idea de preparar la canasta y las provisiones, pero al ent