El rugido del viento se mezclaba con el ensordecedor trueno que acababa de partir el cielo. El coche, una potente máquina que ahora se sentía como una lata vacía, se había deslizado sobre el asfalto mojado. Estaba a punto de caer al acantilado, la rueda delantera ya suspendida sobre el vacío, la niebla engulléndolo todo. El miedo me estaba paralizando. Mis músculos se tensaron, incapaces de moverme o girar el volante. El coche tembló, un leve bamboleo que anunciaba el final, y yo cerré los ojo