La adrenalina aún bombeaba en mis venas, alimentada por el dolor y la furia de la crueldad. Tras mi colapso salí del hospital, buscando a como diera lugar una vía de escape que me permitiera afrontar la pesadilla por la que estaba atravesando. No recordaba exactamente cómo llegué, pero instintos me guiaron hasta la Mansión King.
Pagué el taxi con manos temblorosas y, sin pensarlo dos veces, me dirigí al garaje. Había una urgencia hirviente en mí. No podía quedarme quieta, ni esperar el consu