Nando.
La noche llegó y promete ser excelente.
Motos de todos los tamaños y modelos van llegando y estacionan en el parking sobre el barranco. También autos, camionetas y hasta algún ómnibus contratado.
Los primeros acordes de guitarra retumban con fuerza, anunciando la apertura de lo que —estoy seguro— será el mejor bar que este balneario haya tenido.
Hay gente por todos lados; algunos todavía disfrutan del agua tibia a estas horas.
La barra explota de manos agitadas que golpean