**ANDREA**
El frío de la mañana se desliza entre las cortinas, acariciando mi piel como un recordatorio implacable de que el tiempo no se ha detenido.
Abro los ojos lentamente, sintiendo cómo la somnolencia lucha por mantenerme atrapada en la tibieza de mis propios pensamientos. Mi cuerpo está pesado, como si mi subconsciente supiera que al despertar debo enfrentar un día que cambiará mi vida para siempre.
Mis ojos viajan hasta el armario, donde cuelga el vestido que he elegido para este día. E