**ANDREA**
Santiago entrelaza sus dedos con los míos con una ternura que me estremece. Sus manos están tibias, firmes, seguras... como si supieran exactamente a dónde vamos, incluso cuando yo no tengo ni la menor idea. La noche nos envuelve en un manto silencioso, y el auto avanza lentamente por un camino cubierto de hojas secas que crujen apenas bajo las ruedas, como un murmullo de secretos de otoño.
Quisiera hacerle mil preguntas, reír, adivinar, llenarme de pistas. Pero no digo nada. No quie