—Señor Betanckurt —sueltan al unísono y se quedan mirándolo con la boca abierta.
—Sí, escuché todo —responde la pregunta silenciosa que se hacían los chicos—. Hablemos —Le señala una mesa cercana a ellos. Los chicos se miran un instante y Alex pone las manos en las caderas—. No voy a golpearlos. Espérenme ahí, voy a pedir un café bien cargado.
— ¿Yo también? —indaga Adam, un poco sorprendido y otro poco asustado.
—Sí —asiente Alex—. Tú también —le hace saber antes de girarse para pedir su ca