Adriano revisaba cada parte de la casa con ahínco y su furia crecía con cada nuevo micrófono o cámara escondida en lugares estratégicos que iba encontrando.
Mattia tenía razón: cada movimiento, cada palabra, cada acción, estaba siendo vigilada de cerca por alguien más y ellos estúpidamente nunca lo imaginaron.
- Hermano, ¿Cómo no se dieron cuenta antes?.- Un chico rubio de ojos verdes y gafas cuadradas, preguntó un poco ofuscado, sacando una pequeña camara de uno de los libros en el estante que