Gruesas gotas de lluvia se deslizaban por la ventana, llevándose consigo el polvo que había arrastrado el viento, regresandolo al suelo para luego repetir el ciclo una y otra vez.
Los truenos retumbaban en el cielo y los relámpagos quebraban el aire, mientras la fuerte ventisca mecia los árboles a su merced.
La oscuridad reinaba en la habitación, solamente interrumpida por el breve destello del fuego en el cielo que parecía partirlo en dos por breves instantes.
La mujer miraba atentamente la