Sin saber lo que venía.
Era la una de la madrugada cuando un golpe seco sonó en la casa de Emily. Esta se sobresaltó, pues no podía conciliar el sueño.
En su gran cama, hacía falta la presencia de su pequeña Lily. Había llorado durante horas por Lily, y por haber sido humillada.
Otro golpe sonó y supo que venía de afuera. Estaba lloviendo, pero incluso a través de las gotas, se podía escuchar aquella voz lastimera.
Lo reconoció.
Tomó el teléfono, pensó en llamar a la policía, sin embargo, avanzó.
Su corazón se acelera