Despojado.
Luces blancas parpadeantes le hicieron abrir y cerrar los ojos repetidas veces. No sabía qué pasaba, ni dónde estaba. Pero con el paso de los segundos: sentía; su corazón martillear a una velocidad irregular, todo el cuerpo arderle, el rostro pesado. Voces, manos, olor a alcohol, látex.
—Estará bien, señor Vane. Está en el hospital público. Intente quedarse tranquilo.
Después de eso todo se volvió negro. Poco a poco dejó de sentir y de escuchar.
Horas más tarde, volvió a despertar.
Estaba en el