—¡Ah, pero es que en aquel instante, tú también vacilabas! —exclamó una anciana desde el estrado, alzándose con ímpetu y asestando un golpe que resonó sobre la mesa. Los demás jueces, imperturbables, no mostraron reacción alguna ante su estallido de ira—. ¡Todo esto es por culpa de esos malditos sentimientos que te nublan el juicio!
—¿Es que acaso anhelas revivir aquel tormento anterior? —inquirió el líder del consejo regulador de monstruos, su voz impregnada de un tono helado y desafiante. Se