En una habitación oscura y lúgubre, iluminada solo por velas parpadeantes, Lylo se preparaba para llevar a cabo el ritual de traspaso de lazos de mates. El ambiente estaba cargado con un aire pesado y denso, lleno del olor a cera derretida y hierbas quemadas. En un rincón de la habitación, unos cuantos humanos yacían desmayados, sus cuerpos inertes eran un recordatorio inquietante de lo que estaba por suceder. Lylo se movía con precisión y frialdad, preparando cada detalle del ritual mientras B