Lylo, en las sombras del departamento, observaba cómo el hechizo de Melissa restauraba el alma de Bastian. Cada segundo que pasaba aumentaba su ansiedad. Finalmente, tomó una decisión firme y se acercó al borde de la cama de Bastian, preparándose para actuar.
—Esta es la única forma de asegurar mi futuro —murmuró para sí misma, sus labios fruncidos en una expresión de determinación—. No puedo quedarme atrapada aquí.
Con movimientos sigilosos, Lylo sacó un pequeño frasco de su bolso, conteniendo