Horas después, en la casa de Melissa, la atmósfera era tensa pero llena de esperanza. Beltaine estaba recostada en una cama, su respiración más estable y su rostro menos pálido gracias a los cuidados de Melissa. Kyrios no se separaba de su lado, sosteniendo su mano con una mezcla de alivio y preocupación.
—Beltaine, necesito que me prometas algo —dijo ella, su voz suave pero firme mientras miraba a Kyrios a los ojos—. Júrame que nunca más me abandonarás. No podría soportar perderte otra vez.
Ky