Chiara:
Estaba sentada en el opulento recibidor de la mansión Sanpier.
Era de increíble, que de joven me negaron la entrada a este lugar tantas veces.
Recuerdo, que Oscar siempre ponía peros a la hora de tráeme a conocer a sus padres, y finalmente cuando lo hice, su madrastra se dirigió a mí de la manera más ofensiva posible, llamándome zorra, puta e inclusive trepadora.
Sonrío.
Tal vez ella no estaba equivocada del todo. Puedo afirmar sin pizca de remordimiento que soy todo eso, y mucho más.
—