Dentro de la furgoneta, Oscar y Monique discutían.
Ella le recriminaba por preocuparse por la maldita mujer que había arruinado la felicidad de ambos, el sentís que le ardía estómago.
—¿Felicidad? ¡¿De qué felicidad, hablas loca?!- masculló él. –¡ tu y yo nunca fuimos felices!
—Pudimos haberlo sido.- lloró ella. – si esa mujer no de hubiera interpuesto entre nosotros…
—No te engañes Monique, tú y yo nunca tuvimos nada. Nunca hubiéramos sido nada, porque yo siempre ame a Cinthia.
—¡No! ¡Ella est