Oscar estaba emputado.
—¡Hija de puta!- maldijo.
Había pasado media hora antes de que él se diese cuenta de que Chiara estaba desaparecida.
Algo estaba terriblemente mal. Chiara no estaba.
Simplemente había desaparecido, y él sabía que ella no se marchara sin avisarles.
Oscar podía sentirlo.
Sin embargo, no tenía como demostrar que algo terrible estaba sucediendo porque por protocolo la policía solo considera desaparecida a una persona después del las setenta y dos horas de su ausencia.
Él no p