Chiara:
A la mañana siguiente, me desperté temprano, y liberé un gruñido de frustración al encontrar mi cocina completamente invadida.
—¡Buenos días madrina!- chilló Domi al verme, y Oscar se giró para saludarme, con un movimiento de la espátula que sostenía en su mano.
—¿Puedo saber qué hacen?- mascullé, molesta.
—Papá está haciendo el desayuno.- anunció el niño, mirándome con precaución.
Creo que notó mi mal humor.
Respiré profundamente, y tomé mi asiento en la silla, cerca de la encimera.
—D