Capítulo 29. El refugio en la tormenta
El aire pegajoso de Río de Janeiro le dio de lleno en la cara a Damián al salir del aeropuerto. Sin perder un segundo, subió a un taxi con el rostro tenso y la mirada fija en las palmeras del camino.
En la sala del departamento, el silencio era denso.
—Tranquila, menina. Tu papá ya casi llega, el tránsito a esta hora es una locura —decía Maria, acariciándole el cabello con ternura.
Maria no era una simple empleada; era el único refugio cálido de la nena. Quien le leía cuentos y le calmaba las r