Capítulo 32. El ángulo prohibido
Damián cerró la puerta de un golpe firme, asegurando el cerrojo con un chasquido metálico que pareció retumbar en toda la casa. El silencio volvió a apoderarse de la sala, pesado y denso, solo interrumpido por el murmullo lejano de la respiración tranquila de Catalina.
Se quedó de pie unos segundos frente a la madera, con la mandíbula apretada y el pecho agitándose al ritmo de la rabia contenida. Sin pensarlo dos veces, caminó a la mesa, tomó la copa de vino tinto que Patricia había dejado inta