Capítulo 28. Cazador cazado
Mateo dio dos pasos hacia atrás, acomodó el folio en su carpeta de cuero y le dedicó a Valeria una última mirada cargada de superioridad antes de girar sobre sus tacones y alejarse a paso firme, dejándola en el medio del cafetín, hirviendo de rabia, con los puños apretados y el pulso acelerado.
Satisfecho con el terreno ganado, Mateo cruzó el umbral del subsuelo y subió por las escaleras de mármol que llevaban al vestíbulo principal. Al doblar en la esquina del pasillo, listo para dirigirse a l