Capítulo 22. El Límite de la Voluntad
El ecosistema del cuarto quedó reducido al sonido de dos respiraciones desbocadas. El ritmo frenético con el que se habían devorado minutos antes se disipó, dejando tras de sí un aire denso, impregnado de sudor, calor y el matiz dulzón del perfume de Valeria mezclado con la humedad de la piel.
Damián permanecía sobre ella, apoyado en sus antebrazos para no dejar caer todo su peso sobre el cuerpo de su ayudante. Su pecho subía y bajaba con violencia, golpeando rítmicamente contra el torso agitad