Capítulo 21. Fuego consumado. Confesión ahogada
Cada vez que sus cuerpos se unían en una embestida profunda, Damián la buscaba con la mirada en la penumbra. Sostenía el contacto visual con una fijeza casi posesiva, obligándola a mirarlo a los ojos para que ninguno de los dos olvidara quién estaba allí. Valeria respondía sosteniendo esa mirada encendida, entregada por completo a la intensidad del momento. En el silencio de la habitación, el sonido rítmico de sus cuerpos colisionando y la intensa fricción de la piel húmeda se volvieron un eco