Capítulo 23. Sombras en el asfalto. Confesión en el bar
El aire helado de la noche lo golpeó de lleno en el rostro en cuanto cruzó la puerta de vidrio del edificio. Fue un impacto violento, casi sanador, pero insuficiente para disipar la marea de calor y culpa que aún le abrasaba la piel.
Damián caminó a paso apresurado hacia la acera, ajustándose la chaqueta del traje con manos torpes. Tenía los dedos fríos, pero las palmas aún guardaban la textura suave de la piel de Valeria. El olor de su perfume, ese matiz dulzón y penetrante, parecía haberse in