El yate se mecía suavemente sobre las aguas cristalinas de una cala apartada, lejos del bullicio del puerto. El sol de la tarde caía con una fuerza implacable, invitando a todos a sumergirse en el azul profundo. Erick, siempre el anfitrión perfecto y relajado, ya se había lanzado al agua, invitando a Ava a seguirlo con un gesto entusiasta.
Ava, decidida a ignorar la mirada gélida de Lucas que la seguía desde la cubierta superior, se quitó el vestido de lino, quedando en un bikini esmeralda que