El sol de la mañana se reflejaba con una intensidad cegadora sobre las aguas turquesas del puerto deportivo. Ava caminaba por el muelle de madera, sintiendo el viento marino agitar su cabello rojo, que hoy llevaba suelto y rebelde. Vestía un conjunto de lino blanco, sencillo pero elegante, y unas gafas de sol oscuras que ocultaban el rastro de la noche de insomnio que había pasado. A su lado, Erick Montgomery caminaba con una confianza relajada, cargando una pequeña hielera y sonriendo con esa