Mundo ficciónIniciar sesiónEl amanecer en Seattle no traía el resplandor dorado de los cuentos de hadas, sino una luz grisácea y suave que se filtraba por las cortinas del pequeño apartamento, iluminando las motas de polvo que danzaban en el aire. Sobre la cama, Lucas y Ava permanecían entrelazados bajo una sábana de algodón blanco, sus cuerpos desnudos buscando el calor mutuo como si el contacto físico fuera el único oxígeno que su







