—¿Estás listo? —preguntó Sienna, mirando a través de la ventanilla del auto la casa de sus padres, cada vez más cerca.
Solo había dos formas en las que las cosas podían terminar. Su familia podía darle la bienvenida a Kassio, o podían torturarlo hasta que saliera huyendo. No es que pensara que Kassio fuera de los que huyen, pero su familia podía poner a prueba a cualquiera.
—No creí que hubiera algo que podía ponerte nerviosa —comentó Kassio con una leve sonrisa—. Descuida, todo saldrá bien.
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