Maxim mecía a su hija, mientras se acercaba a la cuna que habían trasladado a su habitación. Él y Valeria habían dedicado meses a preparar una habitación especial para su bebé, pero cuando finalmente la trajeron a casa, no eran capaces de separarse de ella por mucho tiempo y menos de dejarla dormir en otra habitación.
Sonrió al ver cómo la bebé hacía un mohín. Irina era tan delicada tierna y perfecta, que a veces le parecía irreal. Y también era demasiado pequeña. Aunque ya había ganado peso d