Natasha dejó de sacudir la pierna, un gesto que ni siquiera había notado que estaba haciendo hasta que la mano de Domenico se posó suavemente sobre ella. Levantó la mirada y se encontró con la suave sonrisa de su esposo que la ayudó a tranquilizarse un poco, pero volvió a sentirse igual de tensa cuando la puerta del consultorio se abrió de repente. La misma doctora que los había atendido el día anterior entró y les dirigió una sonrisa profesional, mientras se disculpaba por la demora. Luego se