—Natasha.
Levantó la cabeza al escuchar su nombre y se encontró con el rostro expectante de su amiga Giorgia.
—¿Qué sucede?
—¿Me estás escuchando?
Asintió, aunque era una mentira. Estaba agotada y había estado funcionando con la mitad de la capacidad de su cerebro durante toda la mañana. La noche anterior apenas había dormido, demasiado preocupada por el futuro como para conciliar sueño.
En noches como esas, cuando se quedaba pensando hasta tarde, le era difícil evitar aquellos pensamientos os