Capítulo 9 “La vieja biblioteca”
— ¿Niña, estás bien? — unas manos tocan mi hombro, y me hacen girar. Sus oscuros ojos me ven fijamente —, estás pálida.
El nudo es cada vez más gigante en mi garganta.
—Me..., llevarías. A tu lugar seguro, por favor...
—Nuestro lugar seguro, también es tuyo... —pasa su brazo por mis hombros y me atrae a él.
Mis ojos caen por última vez Santiago, y no puedo evitar sollozar bajito. Siento los ojos de Adirael sobre mí, pero no menciona nada y le agradezco. No