Amatista cerró la puerta de su nueva habitación con suavidad. Los largos pasillos de la mansión Torner habían sido extrañamente acogedores después de la tormenta emocional del día. Había cenado con su padre, Daniel, su madrastra, Mariam, y su hermanastra, Jazmín. La calidez de la familia Torner le había ofrecido un refugio inesperado, un remanso de paz tras la tensión con Enzo.
Después de una ducha tibia que calmó su cuerpo, Amatista estaba sentada en la cama, con una toalla envolviendo su cabe