La reunión transcurría con la misma solemnidad que caracterizaba los encuentros de negocios en los círculos de Enzo. Las conversaciones eran tensas, cargadas de cifras y estrategias. Amatista, sin embargo, estaba sentada tranquilamente al lado de su esposo, ajena a la presión que flotaba en el ambiente. Sus ojos curiosos recorrían la sala, fascinados por los detalles que para los demás eran insignificantes: los estantes altos con libros de cuero envejecido, los cuadros abstractos en las paredes