Los días habían pasado con una lentitud casi insoportable. Amatista permanecía en la misma habitación húmeda y oscura, pero había aprendido a adaptarse, a observar, y a buscar pequeños resquicios de humanidad en su captor, Lucas. El hombre, aunque brusco y distante al principio, se había suavizado en sus interacciones con ella. Parecía que el tiempo y las circunstancias habían comenzado a quebrar las barreras entre ambos.
Esa tarde, mientras Lucas revisaba su arma en una esquina, lanzó una mira