Enzo dio unos pasos hasta quedar al lado de Amatista, como si nada de lo que pasaba alrededor lo afectara.
Pero sabía que su esposa no dejaría pasar la situación sin responder.
Y no se equivocó.
Con una calma calculada, Amatista se acercó a él, lo justo para que su cuerpo rozara con el suyo de manera sutil, pero posesiva.
—Amor, creo que te están distrayendo demasiado. —susurró con voz melosa, aunque sus ojos reflejaban algo mucho más afilado.
Enzo sonrió, inclinándose levemente hacia ella.
—No