El ambiente en la mesa cambió ligeramente, aunque la mayoría de los presentes disfrutaban la incomodidad de Sofía.
Enzo, en cambio, seguía tan imperturbable como siempre.
No le interesaba su reacción.
Ni lo que pudiera pensar.
Solo ajustó mejor su agarre en Amatista, acomodándola con más cuidado contra su pecho, mientras la sentía respirar tranquila y acompasada.
Sofía se forzó a reír suavemente, buscando recuperar el control de la situación.
—Bueno, de todos modos, me alegra verte. —Dijo, bebi