El sonido de los pasos firmes de Enzo resonaba mientras descendía por la majestuosa escalera que conectaba el segundo piso con el comedor principal de la mansión Bourth. Su rostro, aunque sereno, dejaba entrever una pizca de irritación por la cena que estaba a punto de sostener. Hugo y Martina Ruffo ya lo esperaban sentados, su postura impecable y su actitud aparentemente tranquila ocultaban sus verdaderas intenciones.
Enzo entró en el comedor y les dedicó un breve asentimiento. Su figura impon