ISABELLA
—Vaya... —la voz de Damian sonó demasiado cerca—. ¿Así que aquí estabas amor?
Levanté la mirada justo cuando se inclinó hacia mí y me besó en los labios.
Fue un beso breve, perfectamente calculado para cualquiera que estuviera mirando, pero aun así sentí esa presión incómoda en el pecho que siempre aparecía cuando él me tocaba. Odiaba que todavía me pasara.
—Hola, amor —murmuró contra mi boca antes de apartarse.
Luego se giró hacia Sofía.
—Sofía, te ves enorme.
Ella abrió la boca indig