ISABELLA
Salí del vestidor todavía acomodándome la cola de caballo. La licra negra me apretaba demasiado el abdomen y la camiseta deportiva se marcaba más de lo que me gustaría sobre mis pechos, pero al menos ya no parecía una ejecutiva perdida dentro de un gimnasio. Respiré hondo mientras caminaba hacia la pista interior donde el grupo empezaba a reunirse y me pregunté una vez más qué demonios estaba haciendo ahí.
Todo aquello se sentía extraño.
La música alta.
El olor a sudor.
La gente estira