SARAH
Vi a Isabella salir de la habitación de Damián con los ojos enrojecidos y el paso mucho más lento del que había tenido durante los últimos meses.
No intenté detenerla.
Ni siquiera me moví del extremo del pasillo donde llevaba varios minutos observándola sin que ella se diera cuenta de mi presencia.
Esperé.
La vi detenerse unos segundos frente a la puerta, respirar profundamente y secarse las lágrimas con el dorso de la mano. Después acomodó la correa del bolso sobre su hombro y siguió cam