DAMIÁN
Los minutos que Isabella pasó encerrada en el baño con Sarah se sintieron eternos.
Intenté fingir normalidad mientras hablaba con algunos invitados, sonreía para las fotografías y respondía conversaciones que apenas escuchaba realmente, pero mi atención seguía fija en la entrada de la casa.
Porque conocía a Sarah.
Y sabía perfectamente cómo funcionaba su cabeza.
No necesitaba gritar ni hacer escenas para destruir algo.
Le bastaban unas pocas palabras bien elegidas.
Cuando finalmente vi a